RECURSO HUMANO

Al regresar los apóstoles, le contaron todo lo que habían hecho. Y tomándolos, se retiró aparte, a un lugar desierto de la ciudad llamada Betsaida. Lucas 9.10

De esta manera terminó el primer viaje ministerial que hicieron los apóstoles. Volvieron llenos de anécdotas de las aventuras vividas. Traían nuevas inquietudes acerca de las cosas que no habían sabido manejar correctamente. El Maestro se tomó un tiempo para escucharlos y luego los apartó hacia un lugar tranquilo.

Es en esta decisión que vemos reflejado otro aspecto del corazón pastoral del Mesías. Jesús conocía bien el desgaste que produce el ministerio en la persona que está ministrando. Las demandas incesantes, la intensa concentración, la fuga de energías, la euforia de ver obrar al Señor, todo es parte del paquete que llamamos ministerio. Y tiene sus efectos sobre los que están sirviendo al pueblo.

El obrero que está constantemente ministrando, pero que no posee los mecanismos necesarios para renovar sus fuerzas, termina en un estado de profundo agotamiento. Su ministerio va a volverse pesado y su corazón va a llenarse de frustraciones, porque va a sentir que la tarea es cada vez más difícil de llevar adelante. Necesita de períodos de descanso y recuperación para poder seguir ministrando en el Espíritu, y no en la carne. Por esta razón, los apartó a un lugar tranquilo, para que pudieran recuperarse de la experiencia.

Una de nuestras prioridades, como pastores, es velar por el bienestar de nuestros obreros. Ellos no tienen la trayectoria ni la experiencia que nosotros tenemos. No conocen sus limitaciones y tienden a meterse en más proyectos de lo que es saludable. Pero nosotros sí conocemos estas dimensiones de la vida ministerial, y hemos sido llamados a protegerlos a ellos de sí mismos.

Es triste ver que muchos obreros están completamente desgastados por las implacables demandas de sus pastores. Se les ha enseñado que cualquier señal de fatiga es poco espiritual y que deben estar incondicionalmente dispuestos a asumir la responsabilidad de todo lo que sus líderes les pongan por delante. Y como si esto fuera poca cosa, frecuentemente conviven con pocas expresiones de afecto o apreciación por parte de sus pastores.

No siga usted este ejemplo. Valore el trabajo de los que están sirviendo a la par suya. Sus obreros son uno de sus recursos más preciosos. Un obrero feliz se reproduce en un ministerio pleno y fructífero. Pero un obrero triste solamente contagia a los demás su amargura.

Sea, pues, generoso en expresarle gratitud a sus obreros. Vele por la salud emocional y espiritual de ellos. Demuestre interés en lo que están haciendo y anímelos a seguir adelante. Apóyelos en todo lo que hacen. Cada uno de esos obreros le está aliviando la tarea a usted, y eso no es poca cosa.

Bendiciones.

✅ Comparta este devocional con todos sus contactos.
✅ Dele Like a la Página Oficial de Facebook: https://www.facebook.com/Palabrasdevidaperu.org/?pnref=lhc
🇵🇪 Visite y escuche la radio en: www.palabrasdevidaperu.org

DEFINICIONES

Considerad, pues, a aquel que soportó tal hostilidad de los pecadores contra sí mismo, para que no os canséis ni os desaniméis en vuestro corazón. Hebreos 12.3

La analogía que está usando el autor de Hebreos para ayudarnos a entender la dinámica de la vida cristiana, es la de una maratón, una carrera larga que tiene una distancia de unos 42 km. Deja varias recomendaciones acerca de cuál es la forma en que mejor se puede correr esta carrera. En el devocional de hoy queremos concentrarnos en el secreto de no cansarnos ni desanimarnos en nuestros corazones.

El autor, como lo hizo en el versículo anterior, nos anima a fijar la vista en el ejemplo del Hijo de Dios. La carrera no fue fácil para el Mesías. En el camino le hizo frente a cuestionamientos, oposición, ridiculización, incomprensión, agresión y, finalmente, traición y abandono. Todo esto hubiera sido más que suficiente para descarrilar la vida de aun el más fuerte. Mas Cristo, lejos de desanimarse, prosiguió hacia la meta con esa singularidad de propósito que caracteriza a los verdaderamente grandes. El secreto de su éxito estaba en que entendía que toda conquista se logra primeramente en el corazón.

Un buen atleta sabe que al menos la mitad de una carrera se gana con la actitud, y le da tanta importancia a la preparación mental como a la física. Puede poseer un estado físico envidiable, capaz de grandes hazañas en el deporte que practica. Pero la batalla a menudo se gana o se pierde en los lugares escondidos del ser interior del deportista. Si en su corazón siente que no tiene posibilidades frente a sus rivales, poseyendo mayores aptitudes deportivas que ellos, entonces de seguro perderá.

Como líderes, debemos tener absoluta claridad acerca de la verdadera batalla que enfrentamos. El conocido autor cristiano, Charles Swindoll, ha observado: «Estoy convencido que el 10% de la vida consiste en las cosas que nos pasan; el otro 90% de la vida depende de la manera que reaccionamos a lo que nos pasa». Las definiciones cruciales en esta vida tomarán lugar en el corazón, donde siempre está presta la carne para manifestarse con seductoras sugerencias.

Nuestros peores problemas no están a nuestro alrededor, sino escondidos en nuestro ser interior. «Porque del corazón salen malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas son las cosas que contaminan al hombre» (Mt 15.19–20).

Bendiciones.

✅ Comparta este devocional con todos sus contactos.
✅ Dele Like a la Página Oficial de Facebook: https://www.facebook.com/Palabrasdevidaperu.org/?pnref=lhc
🇵🇪 Visite y escuche la radio en: www.palabrasdevidaperu.org

EL PECADO DE SODOMA

Vivo yo, dice Jehová, el Señor, que tu hermana Sodoma y sus hijas no han hecho como hiciste tú y tus hijas. Esta fue la maldad de Sodoma, tu hermana: soberbia, pan de sobra y abundancia de ocio tuvieron ella y sus hijas; y no fortaleció la mano del afligido y del necesitado. Ezequiel 16.48–49

Resulta de mucho provecho leer los comentarios que hacen diferentes autores de la Biblia sobre eventos históricos. Muchas veces añaden a nuestra perspectiva alguna dimensión que no encontramos en el relato original de los eventos. Tal es el caso del Salmo 78, por ejemplo, que nos provee un comentario sobre la salida de los israelitas de Egipto y su conflictivo paso por el desierto. Del mismo modo, en el texto de hoy, encontramos un interesante comentario sobre la destrucción de Sodoma, que complementa el relato original de Génesis.

Si yo pudiera preguntarle a una persona dentro del ámbito de la iglesia cuál fue la razón por la que Dios destruyó las ciudades de Sodoma y Gomorra, estoy seguro que la mayoría me daría una respuesta similar: El Señor terminó con aquellos dos poblados por causa del profundo deterioro moral en el que habían caído, con prácticas sexuales que aún hoy resultan detestables.

Esta decadencia es lo que estaba a la vista, pero el profeta Ezequiel ni siquiera la menciona en el texto de nuestro devocional. Creo que la razón es clara: las prácticas abominables en que habían caído no eran la causa de su problema, sino el síntoma. Es decir, la entrega desenfrenada a una vida de placer era el resultado de otras falencias mucho más serias, las cuales están mencionadas en este pasaje.

El profeta identifica cuatro aspectos de la vida de los habitantes de aquellas ciudades, que nos dan interesantes pistas acerca de la esencia del problema que enfrentaban.

En primer lugar, afirma que ellos tuvieron abundancia de pan. Hemos de entender por esto que Dios los bendijo abundantemente con bienes materiales; gustaron de la prosperidad como fruto del trabajo de sus manos. Junto a la prosperidad, sin embargo, llegaron dos actitudes típicas de los que mucho tienen: la soberbia y el ocio. El orgullo es el resultado de creer que lo que hemos conseguido ha sido por la astucia y las habilidades propias.

No existe ningún reconocimiento de la bondadosa provisión del Altísimo en ese estado de bienestar que disfrutamos. El ocio resulta cuando se tienen tantas riquezas que ya no hace falta trabajar para seguir ganándose el pan de cada día. La persona comienza a buscar la forma de divertirse, gastando la abundancia que posee.

Ezequiel señala que no siguieron el camino que Dios desea para aquellos que han alcanzado la prosperidad, que es bendecir a los que no tienen. Los habitantes de Sodoma no se ocuparon del afligido ni del necesitado. De este modo, queda al descubierto el verdadero problema de ellos: no supieron administrar con sabiduría todo lo bueno que habían recibido de la mano del Señor. Habiendo rechazado la inversión en otros, se volcaron hacia una vida de egoísmo absoluto.

Dios nunca bendice exclusivamente para nuestro bienestar. Lo que recibimos tiene un destino comunitario, y deber servir para bendecir la vida de muchos. Esta es la esencia de nuestro llamado.

BENDICIONES.

✅ Comparta este devocional con todos sus contactos.
✅ Dele Like a la Página Oficial de Facebook: https://www.facebook.com/Palabrasdevidaperu.org/?pnref=lhc
🇵🇪 Visite y escuche la radio en: www.palabrasdevidaperu.org

LA ESPERANZA

Entonces el faraón envió a llamar a José; lo sacaron apresuradamente de la cárcel, se afeitó, mudó sus vestidos y vino ante el faraón. El faraón dijo a José: Yo he tenido un sueño, y no hay quien lo interprete; pero he oído decir de ti que oyes sueños para interpretarlos. Génesis 41.14–15
 
En los años que Dios me ha concedido servirle en el ministerio de la consejería me he cruzado muchas veces con obreros frustrados, especialmente entre los jóvenes. La historia de cada uno, aunque posee detalles particulares de la persona, siempre posee matices similares. «Yo quisiera estar desarrollando mi ministerio dentro de la iglesia, pero los líderes no me dan ningún tipo de apoyo». En la perspectiva de esta persona, su acceso al ministerio está bloqueado por aquellos que, por alguna razón, impiden que avance hacia su realización.
 
Si esta convicción fuera acertada, quisiera hacerle una pregunta: ¿qué posibilidades había de que José, que yacía olvidado en una cárcel egipcia, no siendo más que un insignificante esclavo, pudiera avanzar hacia algún proyecto personal y significativo? Descartemos, de entrada, que pudiera lograr alguna mejora en su situación por su propia acción. Ningún preso tiene posibilidad de mejorar su propia situación, salvo en los insignificantes detalles de la vida misma dentro de la cárcel. La ayuda que José necesitaba tendría que llegar desde afuera, pero ¿quién iba a acodarse de un esclavo hebreo que había sido condenado por tan poderosa persona como Potifar? ¡José había, literalmente, dejado de existir para el mundo!
 
Quizás usted capte lo absolutamente inútil que parece la situación de José. Así también parecen nuestras opciones en la vida cuando vemos que, por dondequiera que deseamos avanzar, nuestro camino parece estar bloqueado. A diferencia de él, sin embargo, es muy fácil que nos enfoquemos en aquellos que son los aparentes responsables de nuestra frustración. Comenzamos a albergar en nuestros corazones sentimientos de resentimiento y enojo hacia ellos. De no ser por la actitud mezquina que ellos demuestran, seguramente nosotros podríamos estar en una situación mucho mejor que la presente.
 
Permítame expresar en una frase el principio que el texto de hoy nos revela: el que abre y cierra las puertas de la oportunidad es el Señor. Ningún hombre puede detener su accionar cuando él ha decidido ubicar a uno de sus hijos en algún lugar de responsabilidad dentro de la iglesia, la empresa, o el lugar donde llevamos a cabo nuestra labor cotidiana. Podríamos languidecer en una cárcel, olvidados para el mundo, mas cuando Jehová pone sobre nosotros sus ojos, nadie puede detener el avance de nuestras vidas.
 
No cometa el error de creer que existe alguien sobre la faz de la tierra que posea este mismo poder. Solamente el Señor crea las oportunidades que necesitamos para avanzar a la plenitud de sus proyectos.
 
¿Cuál debe ser, entonces, nuestra actitud? No debemos atacar a quienes no tienen la autoridad final de lo que pasa en nuestras vidas. Ellos poseen las mismas limitaciones que nosotros. Más bien hemos sido llamados a esperar el tiempo de Dios, aquel momento en que llega un mensajero del faraón para llevarnos delante de príncipes y gobernadores. Mientras tanto, imitemos a José: seamos los «prisioneros» ejemplares en el lugar donde nos encontramos hoy.
 
Recuerda que cuando Dios se detiene, nadie lo puede mover. Cuando Dios se mueve, nadie lo puede detener.
 
Bendiciones.
 
Comparta este devocional con todos sus contactos.
Dele Like a la Página Oficial de Facebook: https://www.facebook.com/Palabrasdevidaperu.org/?pnref=lhc
🇵🇪️ Visite y escuche la radio en: www.palabrasdevidaperu.org

A BRIGHT FACE

Then Moses descended from Mount Sinai with the two tablets of the Testimony in his hands. When descending from the mountain, the skin of his face shone because he had been talking to God, but Moses did not know it. Exodus 34.29

The person who spends time with God can not avoid being transformed! Does any other passage better illustrate this truth? The intensity of the encounter between the prophet and Jehovah had been such that even the skin of his face shone. It reminds us immediately of the transfiguration of Christ, where the disciples saw that “His garments became resplendent, very white, like snow, so much so that no washer on earth can make them so white” (Mr 9.3). And this brightness was not merely the glow of the fabric of his garments, but the brightness produced by the presence of something spiritual.

When I read this passage, I think: How many of us would like to experience something similar to this! Those of us who walk in Christ yearn for this experience of closeness to the Lord so much, even if we were even allowed to touch the edge of his cloak. What will it feel like to live an experience like this? Can we stand in front of such a visitation of God?

Our “holy envy” of the experience that was granted to Moses, however, does not notice a small detail in the verse we share today. It is that the prophet did not know that his face was shining. Insignificant thing, right? In this detail, however, we find part of the mystery of the transformation that works in us. That transformation, together with the spiritual experiences that accompany it, are not primarily for our enjoyment. Many times we do not even know that he is working in our lives. The goal of his work is for others to see the glory of God reflected in our lives, not for us to proudly show our spiritual maturity.

For this reason, we should carefully examine the hidden motivations of our hearts. Many times I see among pastors a subtle struggle to see who receives greater honor in meetings and meetings with other leaders. The apostle Paul encourages the Philippian church to “do nothing out of rivalry or vanity” (Phil. 2.3). The “vanaglory” is one that seems to be genuine, but in reality have no value. It is the recognition and applause that comes from men, and not the word of approval that comes from our heavenly Father. As such, it is destined to be forgotten.

As leaders we should strive for a life of holiness and intimacy such that our life shines with glory from on high. Our sole presence will testify of the magnificence of the God we serve. But know that as soon as you become aware of that glow it will vanish. Our good Father knows how quickly we take pride in what, in reality, is not ours. That is why Paul was given a thorn in the flesh. So that the extraordinary greatness was of God, and not of the apostle.

Blessings

UN ROSTRO BRILLANTE

Después descendió Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del Testimonio en sus manos. Al descender del monte, la piel de su rostro resplandecía por haber estado hablando con Dios, pero Moisés no lo sabía. Éxodo 34.29
 
¡La persona que pasa tiempo con Dios no puede evitar ser transformado! ¿Acaso algún otro pasaje ilustra mejor esta verdad? La intensidad del encuentro entre el profeta y Jehová había sido tal que hasta la piel del rostro le brillaba. Nos recuerda inmediatamente a la transfiguración de Cristo, donde los discípulos vieron que «Sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede dejar tan blancos» (Mr 9.3). Y este brillo no era meramente el resplandor de la tela de sus vestimentas, sino el brillo producido por la presencia de algo espiritual.
 
Cuando leo este pasaje, pienso: ¡A cuántos nos gustaría experimentar algo similar a esto! Los que andamos en Cristo anhelamos tanto esa experiencia de cercanía al Señor, aunque sea que nos fuera concedido siquiera tocar el borde de su manto. ¿Qué se sentirá al vivir una experiencia como esta? ¿Podremos mantenernos en pie frente a semejante visitación de Dios?
 
Nuestra «envidia santa» de la experiencia que le fue concedida a Moisés, sin embargo, no repara en un pequeño detalle en el versículo que hoy compartimos. Es que el profeta no sabía que le brillaba el rostro. Cosa insigni-ficante, ¿verdad? En este detalle, sin embargo, encontramos parte del misterio de la transformación que obra en nosotros. Esa transformación, juntamente con las experiencias espirituales que la acompañan, no son primordialmente para nuestro deleite. Muchas veces ni siquiera sabemos que él está obrando en nuestras vidas. El objetivo de su obra es que los demás vean la gloria de Dios reflejada en nuestras vidas, no para que nosotros mostremos con orgullo nuestra madurez espiritual.
 
Por esta razón conviene que examinemos con cuidado las motivaciones escondidas de nuestros corazones. Muchas veces veo entre pastores un forcejeo sutil para ver quién recibe mayor honra en las reuniones y encuentros con otros líderes. El apóstol Pablo anima a la iglesia de Filipo: «nada hagáis por rivalidad o por vanidad» (Flp 2.3). La «vanagloria» es aquella que parece ser genuina, pero que en realidad no tienen valor alguno. Es el reconocimiento y los aplausos que vienen de los hombres, y no la palabra de aprobación que viene de nuestro Padre celestial. Como tal, está destinada al olvido.
 
Como líderes debemos procurar una vida de santidad e intimidad tal, que nuestra vida brille con gloria de lo alto. Nuestra sola presencia testificará de la magnificencia del Dios que servimos. Pero sepa usted que ni bien tome conciencia de ese resplandor se desvanecerá. Nuestro buen Padre sabe cuán rápido nos enorgullecemos de lo que, en realidad, no es nuestro. Por eso le fue dada a Pablo una espina en la carne. Para que la extraordinaria grandeza fuera de Dios, y no del apóstol.
Bendiciones.
 
Comparta este devocional con todos sus contactos.
Dele Like a la Página Oficial de Facebook: https://www.facebook.com/Palabrasdevidaperu.org/?pnref=lhc
🇵🇪️ Visite y escuche la radio en: www.palabrasdevidaperu.org

PECADOS DE OMISIÓN

El que sabe hacer lo bueno y no lo hace, comete pecado. Santiago 4.17

Mucho énfasis se ha hecho, dentro del ámbito de la iglesia, en el cuidado que debe tener el discípulo de no cometer pecados. El concepto que se maneja es el de evitar comportamientos y actividades que la Biblia específicamente cataloga de pecaminosas. De esta manera, entonces, el hijo de Dios busca no participar de nada que pueda dañar su relación con el Señor, tal como la mentira, el engaño, el soborno o las relaciones ilícitas que puedan hundirlo en su vida espiritual.

Evitar estos pecados podría llevarnos a una falsa sensación de seguridad, al no encontrar en nuestras vidas ninguna de las manifestaciones más visibles de la maldad. El apóstol Santiago, sin embargo, lleva el concepto de entrega a un plano más profundo. Nos está diciendo que para vivir una vida aceptable delante del Padre no alcanza únicamente con evitar el mal, aunque esto sea una parte importante de nuestro compromiso.

Para vivir la vida espiritual en toda su dimensión debemos, además, estar dispuestos a involucrarnos con aquello que sabemos es bueno. Es decir, nuestra vida no puede ser vivida solamente en el plano de las reacciones, sino que el Señor nos llama también a ser personas de iniciativa, que deliberadamente buscan cultivar el bien.

Entender esta verdad puede librarnos de una vida de comodidad, donde nuestra principal actividad simplemente consiste en no transitar por el camino errado. El Señor, sin embargo, nos llama a estar activamente involucrados en promover el bien y extender el reino. Quiere decir que nuestra fe nos obliga a imitar el compromiso de nuestro Padre que, viendo nuestra condición perdida, tomó la decisión de hacer algo al respecto. Del mismo modo nosotros, al ver a nuestro alrededor personas atrapadas en el pecado y la maldad, debemos hacer a un lado nuestros propios intereses, para trabajar activamente en buscar el bien del prójimo.

Santiago desea que entendamos que no hacer lo bueno es tan condenable como hacer lo malo. Examinemos por un momento, por ejemplo, la parábola del buen samaritano. Para muchos de nosotros la actitud del sacerdote y el levita, que pasaron al lado del hombre herido, fue de negligencia. A la luz del principio que expone Santiago, sin embargo, la falta de compromiso fue un pecado, porque sabían lo que debían hacer pero no quisieron comprometerse con la acción indicada.

Esto tiene serias implicaciones para los que somos parte de la iglesia del Señor. La iglesia debe ser, siempre, una fuerza activa y visible en la sociedad donde nos encontramos. Logra esta posición cuando está dispuesta a tomar la iniciativa de ocuparse de aquellas cosas que sabe son buenas. Dios nos llama a nosotros, sus líderes, a que estemos constantemente animando a los miembros de nuestra congregación a que ocupen su lugar dentro de los proyectos de Dios, con sus vecinos, sus compañeros de trabajo, sus amigos y todos aquellos que él coloca en nuestro camino a diario.

BENDICIONES.

✅ Comparta este devocional con todos sus contactos.
✅ Dele Like a la Página Oficial de Facebook: https://www.facebook.com/Palabrasdevidaperu.org/?pnref=lhc
🇵🇪 Visite y escuche la radio en: www.palabrasdevidaperu.org

PREPARADOS PARA TODA CIRCUNSTANCIA

Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno. Marcos 9.29

No sabemos qué es lo que produjo mayor frustración en los discípulos: El hecho de que no habían podido sanar al epiléptico, o la explicación que Jesús les dio acerca de por qué no pudieron hacerlo.

No ha de sorprendernos que los discípulos se sintieran un tanto mortificados. En lugar de encontrar la salida para el muchacho, se habían enredado en una discusión con los fariseos. Cuando Jesús llegó, se ocupó del muchacho con una sencillez y autoridad que marcaba un dramático contraste con la inseguridad de los discípulos. ¡De seguro que se sintieron avergonzados por su falta de efectividad y esto los llevó a pedir una explicación!

La respuesta del Maestro, sin embargo, no esclarecía mucho el panorama. ¿Por qué él dijo que era necesario orar (y ayunar, según algunos manuscritos antiguos)? La verdad es que él no oró ni ayunó en esta ocasión. Simplemente indagó un poco sobre el historial del muchacho y luego expulsó el demonio. ¡Así de fácil! ¿Cómo podía, entonces, señalar la oración y el ayuno como el «secreto» del éxito logrado? ¿Se refería, acaso, a que los discípulos debían orar, aunque él no lo había hecho, porque ellos no tenían la autoridad que él tenía? La verdad es que dudo que fuera esta su intención.

El comentario de Jesús indica que la oración debe ser una parte fundamental del armamento que el siervo de Dios utiliza para enfrentar el mal. Pero el momento para echar mano a la oración no es cuando la batalla ya está librada. No podemos detenernos para afilar nuestra espada cuando tenemos al enemigo encima nuestro. Cuando llega la situación que requiere de una enérgica y rápida intervención, el siervo de Dios debe actuar. El momento para orar, en cambio, es antes de la batalla. Solamente por medio de la oración podrá obtener la sabiduría y la autoridad necesarias para que su ministerio sea efectivo. Seguramente esta es una de las razones por las que Jesús frecuentemente se apartaba a lugares solitarios para orar.

En esta ocasión, Jesús venía del monte de la Transfiguración, donde había participado de una singular experiencia con el Padre. Sus sentidos espirituales estaban agudizados. En un sentido, cuando bajó al llano, él ya venía «orado», de modo que cuando se presentó la oportunidad de ministrar, pudo intervenir en forma decisiva.

Esta ha sido, también, la característica de todo ministerio efectivo a lo largo de la historia del pueblo de Dios. Quienes han dirigido estos ministerios siempre se han caracterizado por ser personas con vidas de oración bien desarrolladas. Así también debe ser entre nosotros. Nuestra labor pastoral constantemente nos enfrenta a situaciones ministeriales imprevistas. Muchas de ellas no nos dan tiempo para prepararnos. Más bien, debemos actuar en ese mismo instante. ¿Cómo no aprovechar, entonces, los tiempos de quietud y silencio para cultivar esa vida espiritual que marcará la diferencia a la hora de actuar? ¡Si aspiramos a derrotar al enemigo, debemos mantener siempre afiladas nuestras espadas!

BENDICIONES.

✅ Comparta este devocional con todos sus contactos.
✅ Dele Like a la Página Oficial de Facebook: https://www.facebook.com/Palabrasdevidaperu.org/?pnref=lhc
🇵🇪 Visite y escuche la radio en: www.palabrasdevidaperu.org

THE HOUSE OF THE POTTERY

I went down to the potter’s house, and found that he was working on the wheel. And the clay pot he made was spoiled in his hands, but he made another pot again, as he thought it best to do. Then the word of the Lord came to me, saying, “Can not I do with you like this potter, house of Israel?” Says the Lord. Like clay in the hands of the potter, so are you in my hands, house of Israel. ” Jeremiah 18.3-6

When presented to the truth using visible and real illustrations of everyday life, it is easily assimilated. Today’s passage illustrates this methodology perfectly. The Lord wanted to make a statement about his dealings with Israel. Instead of simply enunciating the principle, he instructed the prophet to descend to the potter’s house to observe him while he worked. Jeremiah obeyed and began to look at the craftsman. With the natural dexterity of those who work every day in the same trade, the man took a mass of mud and placed it on the wheel, and then spin it at speed. Continually wetting his hands in water, he slowly worked the clay, until the shape of a vessel began to emerge. Having finished with the external form, began to empty the interior. In a moment, however, the side of the vessel collapsed. With patience, the potter took what was left of his work, kneaded it again and began again to shape it.

At that time, the Lord spoke to the prophet: “Thus I also do with the work of my hands,” he said. In an instant, Jeremiah captured the essence of the persevering spirit that characterizes God, a God who does not give up when things go to waste. On the contrary, it does not deviate its intention to do something useful from mud. Start working again until you get what you want.

This sublime principle must have deep meaning. In the first place, because it encourages us to believe that even when we make the worst mistakes, there is always the opportunity to start over. The fact that Moses murdered an Egyptian did not deviate God’s plan. The fact that Elijah fled into the desert and asked for death did not lead the Lord to abandon him and seek another prophet. The fact that Peter denied Christ three times did not lead the Lord to reject the apostle of the work for which he had called him. In each of these cases, the divine potter simply took what was left of his original work and reshaped it. So also in our lives; he will be able to redeem even our greatest faults.

This should also encourage us with the people we are training. Many times they will make the wrong path. We will be tempted to “throw in the towel” with them. But the Lord reminds us that he does not reject anyone. We must, therefore, arm ourselves with the same patience and kindness as the Lord to finish the work entrusted to us.

Blessings.

LA CASA DEL ALFARERO.

Descendí a casa del alfarero, y hallé que él estaba trabajando en el torno. Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en sus manos, pero él volvió a hacer otra vasija, según le pareció mejor hacerla. Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo: «¿No podré yo hacer con vosotros como este alfarero, casa de Israel?, dice Jehová. Como el barro en manos del alfarero, así sois vosotros en mis manos, casa de Israel». Jeremías 18.3–6

Cuando se presenta a la verdad usando ilustraciones visibles y reales de la vida cotidiana, es fácilmente asimilada. El pasaje de hoy ilustra a la perfección esta metodología. El Señor deseaba hacer una declaración acerca de su trato con Israel. En lugar de simplemente enunciar el principio, mandó al profeta a que descendiera a la casa del alfarero para observarlo mientras trabajaba. Jeremías obedeció y comenzó a mirar al artesano. Con la destreza natural de quienes trabajan todos los días en el mismo oficio, el hombre tomó una masa de barro y la colocó sobre la rueda, para luego hacerla girar a velocidad. Remojando continuamente sus manos en agua, fue lentamente trabajando el barro, hasta que comenzó a surgir la forma de una vasija. Habiendo acabado con la forma externa, comenzó a vaciar el interior. En un momento, sin embargo, se derrumbó el costado de la vasija. Con paciencia, el alfarero tomó lo que quedaba de su trabajo, lo amasó de nuevo y comenzó otra vez a darle forma.

En ese momento, el Señor le habló al profeta: «Así hago también con la obra de mis manos», le dijo. En un instante, Jeremías captó la esencia del espíritu perseverante que caracteriza a Dios, un Dios que no se da por vencido cuando las cosas se echan a perder. Al contrario, no desvía su intención de hacer algo útil del barro. Comienza otra vez a trabajar hasta que consigue lo que quiere.

Este principio sublime debe tener profundo significado. En primer lugar, porque nos anima a creer que aun cuando cometemos los peores errores, siempre existe la oportunidad de volver a empezar. El hecho de que Moisés asesinara a un egipcio, no desvió el plan de Dios. El hecho que Elías huyera al desierto y pidiera la muerte, no llevó al Señor a abandonarlo y buscar otro profeta. El hecho de que Pedro negara tres veces a Cristo, no llevó al Señor a desechar al apóstol de la obra para la cual lo había llamado. En cada uno de estos casos, el alfarero divino simplemente tomó lo que quedaba de su obra original y le volvió a dar forma. Así también en nuestras vidas; él podrá redimir aun nuestras más grandes faltas.

Esto debe animarnos también con las personas que estamos formando. Muchas veces van a equivocar el camino. Nosotros nos sentiremos tentados a «tirar la toalla» con ellos. Pero el Señor nos recuerda que él no desecha a nadie. Deberemos, por tanto, armarnos de la misma paciencia y bondad que el Señor para terminar la obra que se nos ha encomendado.

Bendiciones.

✅ Comparta este devocional con todos sus contactos.
✅ Dele Like a la Página Oficial de Facebook: https://www.facebook.com/Palabrasdevidaperu.org/?pnref=lhc
🇵🇪 Visite y escuche la radio en: www.palabrasdevidaperu.org